Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa
Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa

¿Maestro espiritual viviente? Los secretos del libro de la Naturaleza

Acabo de llegar a un punto de mi vida en que tengo que cuidarme mucho de caer en el ego espiritual. Hace mes y medio estuve en una ceremonia con hongos sagrados en México que me abrió la percepción y la hipersensibilidad. Quiero aclarar que para mí las plantas de poder son sagradas y con muchísimo respeto y toda la consciencia que puedo las he tomado, pues sé que es una responsabilidad enorme conmigo misma entrar en comunión con ellas. Éste fue mi primer ritual y nunca antes he consumido ninguna sustancia. Pero lo que considero que ha supuesto un antes y un después es mi iniciación en Reiki hace dos meses. Mis experiencias al meditar han cambiado radicalmente desde entonces: ahora siento la energía de manera física y palpable, como imán y marea dentro de mí, cada vez que medito. Ese chi que noto recorrerme y tirar de mí hacia arriba es tan intenso, que pienso: «¿en dónde me estoy metiendo?» Más bien, de dónde me estoy saliendo a experimentar lo que antes solo había escuchado y estudiado. Supone tal novedad sentirlo, que me fascino demasiado y no quiero quedarme estancada en ese primer piso del rascacielos que representa la consciencia de una persona.

Sé que tengo que encontrar dentro de mí esa guía que necesito para no perderme en el mundo de las maravillas. La he pedido en mis meditaciones y también a otras personas que considero sabias o estudiadas en esto. Sin embargo, al final he descubierto que estoy sola ante tal inmensidad, en soledad completa junto con mi dualidad, quien me comprende y siempre está a mi lado. Aquellos grandes Maestros que ya han partido del cuerpo tenían algunos secretos que habían encontrado en su interior y que he podido reflejar en mí. Mas aquellas personas a quienes he confesado mis vivencias en busca de guía me han dado unos consejos desde su perspectiva, o, lamentablemente en algunos casos, le han quitado importancia a lo que les he contado, como si estuviera prohibido tocar esos temas. Aunque soy responsable de mí misma y no debo depender de lo que otros me digan, no lo sé todo. Mejor dicho, todo está en mí y lo que no sé es cómo canalizarlo y tratarlo. Es por eso que pedí consejo a quienes dicen estar acompañando en el camino espiritual y me he topado con algunas enseñanzas más allá de esa espiritualidad.

Dicen que la iluminación es solo el principio, la iniciación en el camino del ser. Pues jamás he conocido en mi vida a un iluminado, cuanto menos a un Maestro. El problema aquí es que hay muchas personas involucradas en dar enseñanzas espirituales que transmiten lo que supuestos Maestros han comprendido. Hablan de cuestiones que no han encarnado en su propia existencia y cargan con la responsabilidad de expresar con humanas palabras un mensaje muy concreto, profundo y trascendental que puede ser malinterpretado por cada oído. Lo cierto es que gracias a ellos he aprendido muchísimo, sobre todo cómo conocerme a mí misma y formas de domar a los monstruos internos. Les debo mucho agradecimiento. Pero a menudo ellos mismos dicen que no hay que creer, sino que experimentar y algunas veces se llega a un punto en la vida en que la realidad supera a todo relato hasta ahora escuchado. En ese momento una se enfrenta a la difícil tarea de discernir entre qué es creencia y qué es verdad. Entonces, una se da cuenta de que solo mediante la experiencia propia puede alcanzarse el conocimiento, no tras las lecciones de nadie, y estas personas que te enseñan mediante las limitaciones del lenguaje tampoco saben todo. Nadie tiene la verdad absoluta, mas todos somos verdad absoluta encarnada en múltiples caras del mismo cristal que brilla según se torne hacia la luz.

Si no saben en profundidad de un tema, al exponer su opinión personal tendrían que dejar claro que es su opinión personal o lo que dice el maestro tal. Y así sucede, que solamente repiten lo que ha dicho otro, quien supuestamente sabe. Para mí una religión es precisamente ese seguimiento ciego de lo que otros han dicho y expuesto y, desgraciadamente, en la mayoría de los casos una tergiversación de conocimientos y verdades comprendidas por maestros y transformadas en costumbres, normas y ritos que quienes los practican no se cuestionan. Nublan el juicio crítico, pero crean muchísimos prejuicios. Es por eso que no me gustan las religiones y algunas enseñanzas espirituales cada vez se parecen más a una religión.

Hay que tener muchísimo cuidado con lo que acostumbramos a escuchar, pues esto lo adoptamos a veces sin experiencia interna, solo porque otros a quienes consideramos sabios lo dicen. Tener esas vivencias propias a veces es complicado, pues hay que estar haciendo mucho trabajo interior, meditación, etc., y muchas veces no sabemos distinguir entre si son autosugestión o la intuición que te acerca a la verdad. Personalmente me cuesta muchísimo fiarme de los sabios, precisamente por mi desconocimiento y falta de discernimiento entre verdad y creencia. Hay muchas personas que se muestran como gurús, de las cuales no sé ciertamente si en realidad tienen ese ego espiritual y una doble intención muy oculta y turbia de poseer las voluntades de las personas, o, en otros casos, expresan sin mala intención lo que creen saber y que puede que sea cierto o no. Me da mucho respeto esto y, por un lado, me protejo de ello, pero, por otro lado, sí que necesitaría esa guía de la que hablo.

Tengo un anhelo, muchas experiencias nuevas, muchas dudas y un camino en el que al final solo puedo contar incondicionalmente conmigo misma y mi dualidad, con nuestros conocimientos y experiencias expandidas pero limitadas, para saberme orientar. Y ahí vamos, un poquito a ciegas y seguramente con mucha impaciencia por comprender.

Aunque todo está en mí, cuesta mucho, mucho, mucho esfuerzo y tiempo irlo sacando y sacarle el brillo real. Por eso, de momento, sigo a pasos pequeñitos sin descartar de antemano enseñanzas teóricas, pero guardando una prudente distancia, intentando estar siempre con mi sentido crítico despierto, guiándome por mí misma, intentando mantener la humildad con lo que se me da a sentir, cometiendo errores y aprendiendo de ellos y tomándome las cosas que pasan como que pasan para que aprenda algo. Pues todo es perfecto, todo se va dando en el momento indicado, cuando se está preparado para comprender esa lección. Y sigo con mis propios egos, que bastante trabajo tengo con ellos, como para cargar con los de quienes pretenden haber alcanzado una perfección que solo la naturaleza en estado puro es por sí misma.

La naturaleza es nuestra verdadera guía, la Maestra con mayúsculas de todo ser espiritual. Si la entendiera a ella, tendría acceso inmediato a la verdad. Ella sí que no posee un ego y si aprendes a escucharla, te enseñará todo y olvidarás las trabas de tu personalidad. Cómo me encantaría comprender su lenguaje, tan cristalino y directo en comparación con el banal lenguaje inventado por mentes humanas para sobrevivir en el plano físico. La Poesía y el Arte son un metalenguaje, herramientas creadas por la humanidad a través de las cuales podemos llegar a conectarnos de manera inminente con el Cosmos, pues la Poesía y el Arte con mayúsculas se dan de la experiencia mística de fundir el alma con el todo. Es por ello que intento expresar lo poco que sé poéticamente.

Los ciclos de la luna bailan los últimos pasos de las leyes universales, los astros dibujan su poesía en el cielo y las mareas altas y bajas cantan secretos del origen de la vida. Los árboles susurran el silencio del viento que ha de ser escuchado para alcanzar la paz y una flor alcanza la iluminación al expandir la esencia guardada. Todos los animales en su estado natural están permanentemente narrando el sentido de la existencia, recordándonos que hemos nacido para devenir quien realmente somos, para cumplir sin esfuerzo extremo nuestra función en este tramo del universo, al igual que las gaviotas vuelan libremente sus metros y son felices haciéndolo, sin darse cuenta de su felicidad. Solo el humano se ha complicado tanto la vida en la materia, se ha desviado tantísimo distraído en las posibilidades de su alrededor, que olvida que afuera es un reflejo de adentro. Esto es todo lo que he podido traducir hasta ahora del libro de la Naturaleza al lenguaje humano.