Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa
Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa

Teñir canas con henna en dos pasos. Ecofanía: Naturaleza como filosofía vital

Dar el pequeño paso del vegetarianismo hacia el veganismo fue trascendental para mí e implicó mucho más que un cambio de dieta. Llevo cuatro años y medio sin comer animales y un año siendo vegana. En este tiempo, me he dado cuenta de que todo lo que consumimos, no solo el alimento, es de vital importancia: la ropa que nos cubre a diario la piel, los productos de limpieza que entran en contacto con nuestro cuerpo y con el medio, el aire que respiramos, las relaciones que mantenemos, hasta lo que leemos, la música que escuchamos y las series y películas que vemos. Desde hace ya un tiempo no soy capaz de soportar en la pantalla ninguna historia que implique agresividad, violencia o sufrimiento. Lo mismo me ocurre con las canciones y grupos: mucho de lo que antes me gustaba, ahora me estresa.

Vivir veganamente no solo afecta a la comida, sino que transforma toda la vida, la mentalidad y la sensibilidad: a raíz de ello se modifican los hábitos y con esto aumenta la percepción de lo que nos rodea, pues nos hemos privado conscientemente de unas cosas y asumido nuevas responsabilidades. Lo que me llevó a dejar todo producto animal fue experimentar iniciales síntomas de sensibilidad química múltiple: al desplazarme al trabajo sentía náuseas por el olor a combustible, en casa me quedaba afónica y me daba dolor de cabeza el suavizante de ropa y con la lejía me quedaban los sabores químicos en el paladar. Siempre fui sensible a los olores, pero en la cotidianidad lo fui entumeciendo para no verme afectada. Pero el cuerpo es sabio y tiene lenguaje propio: el cuerpo grita lo que la conciencia no quiere oír y, cuando se ha reprimido durante décadas, cuando durante tantos años no ha sido escuchado, la acallada vocecita se vuelve bramido.

Una circustancia aceleró y potenció esta sensibilidad química. En junio del 2019 fui a vivir a un piso de alquiler que tenía muchísimas humedades. Además de esto, los anteriores inquilinos lo dejaron en unas condiciones higiénicas lamentables. Mi madre y yo estuvimos cinco días limpiándolo de arriba a abajo con lejía y otros desinfectantes: cada grasiento cajón por fuera y por dentro, la pared de humedales detrás del armario, el techo del que asomaban los primeros brotes frescos de hongos, la ducha con sus esquinas y azulejos roñosos, el colchón, supuestamente comprado meses atrás, infestado por ambos lados de pelos de distintos colores, tamaños y grosores y con una meada en el centro (finalmente no lo llegué a estrenar, a pesar de haberlo empantanado con varios productos químicos. Se lo regalé al dueño del piso y él se lo regaló al de la basura). Realmente a segunda vista estaba asquerosa la vivienda, atufaba y yo creía que limpiándola a fondo y tratando la humedad se iba a solucionar. No fue así.

En esos días de profunda desinfección, yo me encargué también del cuarto de baño, un habitáculo de unos cinco metros cuadrados de baldosines hasta el techo que frotaba con una solución de agua y lejía. Permanecí mucho tiempo en una nube de cloro y después pasaba el resto del día con la garganta irritada, el sabor en el paladar y con los ojos rojos. El último de los días que limpié el baño, empecé a notar mi pecho derecho endurecido, como si tuviese una callosidad dentro, y se veía amoratado. No me había golpeado en ningún sitio y no entendía de dónde podía venir esto. Lo tuve así unos días y de repente desapareció. Cuando en octubre del 2019 me empezaron a afectar tanto los olores, relacioné más conscientemente la sobreexposición a la lejía con lo de mi pecho y con todo lo demás que me estaba ocurriendo.

Estos acontecimientos que provocaron que se desatara en mí una sensibilidad química incipiente coincidieron con la época en que transité del vegetarianismo al veganismo. Es más, fueron uno de los motivos de mi transición por la sensación de asco que me influía a diario. Comencé a interesarme por los productos naturales, tanto de higiene personal, como de limpieza del hogar. Los tintes de pelo que en los últimos tiempos estaba utilizando, tintes de herbolario con menos sustancias nocivas (pero aún así industriales), también los comenzaba a resentir mi cuero cabelludo y mi nariz (ese aroma adulterado, irritante). Pregunté en mi herbolario de confianza y me recomendaron la henna. La apliqué igual que aplicaba los tintes, solo que esperando unas seis horas. El color me duraba como mucho dos semanas y las canas volvían a ser visibles, hasta que investigué y di con la fórmula que a continuación os presento.

¿Qué es la henna y por qué deberías de teñirte el pelo con ella?

Primero de todo, voy a contar un poco más sobre este producto. La henna (del árabe alheña, arjeña), con nombre científico Lawsonia Inermis, es un tinte natural de color rojizo que se usa para el pelo y la piel. En este artículo voy a centrarme en el cabello. La hoja seca y el tronco de la planta se trituran y resulta el polvo que contiene una molécula (Lawsona) que, al interactuar con la queratina natural del pelo, reacciona químicamente con él y lo tiñe de color cobrizo. Dependiendo del tono individual del cabello, los matices pueden variar.

Los tintes convencionales penetran en el pelo y por ello son permanentes. La henna lo recubre, afectando directamente sobre las cutículas y alisándolas, se agarra solo exteriormente. Para que permanezca fijo y no se vaya con los lavados, hay un procedimiento que un poco más abajo detallo.

No existe la henna negra, ni castaña, ni rubia. Más adelante lo explicaré mejor cómo conseguir estas otras tonalidades de manera natural. Lo que es de vital importancia es saber que si te coloreas el cabello con henna, lo estás además sometiendo a un tratamiento completo.

Entre las propiedades de la henna se encuentran el hierro, calcio, potasio, zinc, cobre o manganeso, así como fitosteroles, o esteroles vegetales, los cuales contribuyen a recuperar el desequilibrio hormonal que se da en algunos casos de pérdida de cabello. Además, como dije arriba, cierra las cutículas del cabello. Es decir, la henna evita la caída del cabello, le devuelve grosor, volumen y forma, lo fortalece, dota de brillo y lo lleva al equilibrio, al punto medio entre graso y seco, reduce naturalmente la caspa. Estamos tiñéndonos y aplicando un tratamiento capilar al mismo tiempo. E incluso aunque no nos queramos teñir, porque ya tenemos el pelo castaño o negro y libre de canas, la henna solo nos va a hacer bien y, además, le vamos a dotar de unos preciosos reflejos cobrizos.

Comprar la henna con los ingredientes apropiados

Antes que nada, antes de comprar una marca de henna, es necesario mirar los ingredientes e investigar qué son, pues hay casas que venden mezclas de productos naturales y artificiales. La henna propiamente dicha es una planta llamada Lawsonia Inermis y tiñe de rojo cobrizo. Hay tonalidades que no incluyen henna, pero sí otras hierbas, aunque se le siga denominando henna como un nombre común para todos estos tintes naturales.

Por ejemplo, para conseguir el color castaño oscuro se mezcla la henna con otras plantas, como la Indigofera Tinctoria, que es índigo. El castaño caoba o el intenso incluyen en distintas proporciones además la Embilica Officinalis Gart, Eclipta Alba y Azadirachta Indica, plantas ayurvédicas. El castaño claro contiene Juglans Regia, Cassia Obovata, y Lawsonia Inermis. Para cabellos más claros se utiliza la Cassia Obovata, Curcuma Longa y Chamomilla Recutita. Todos estos ingredientes son plantas distintas a la henna.

El producto que se compre no debería llevar otros añadidos que no sean plantas. Jamás debería echarse al pelo nada que contenga sustancias químicas, pues sería parecido a teñirse con tintes convencionales. El Sodium Picramate es una sal metálica colorante tóxica que no debería de aparecer entre los ingredientes de la henna. Igualmente, la Parafenilendiamina es una sustancia usada en tintes químicos que comúnmente produce dermatitis.

En España yo he utilizado la marca Radhe Shyam en la tonalidad de cobre natural. Tiene un único ingrediente, Lawsonia Inermis: 100% henna pura. Además, esta marca es vegana, no testada en animales y de agricultura ecológica. Vale menos de 5€. También he probado la henna pura de la marca Khadi y deja un color precioso, también lo recomendo, aunque es más cara.

Radhe Shyam cobre natural: henna 100% pura
Solo un ingrediente: Lawsonia Inermis (la planta de henna)

Precaución, porque, así como hay colores que son naturales, Radhe Shyam también comercializa otros de procedencia artificial y que, además, son dañinos para el medioambiente y para la salud. Éste es el caso de la tonalidad súper caoba oscuro, que contiene Sodium Picramate. Así que mucho cuidado y siempre revisad antes el contenido y buscad qué es.

Radhe Shyam ofrece varias tonalidades de caoba, castaño oscuro, negro y rubio, los cuales tienen ingredientes naturales y vegetales. Sin embargo, de éstos solo los caobas y castaños contienen Lawsonia Inermis, los otros tonos se consiguen con otras plantas, por lo que no van a adherirse permanentemente al cabello mediante la tintura en dos pasos que enseguida explicaré.

Ventajas de teñirse con henna

  • 100% natural, sin químicos, ni aditivos
  • Vegano, ecológico y biodegradable
  • Es tratamiento y mascarilla natural para el cabello que lo revitaliza y regenera y lo hace más desenredable
  • Quita caspa, evita caída, equilibra pelo graso y seco, nutre y protege
  • Sirve para todo tipo de cabello
  • Se pueden teñir embarazadas con total seguridad
  • Con este método de dos pasos queda permanente
  • Efecto duradero de pelo precioso, brillante y fuerte
  • Requiere que te tomes el tiempo y dedicación a ti misma (lo cual yo veo como algo positivo), tu día de la henna

No mancha ni más ni menos que un tinte convencional. Los utensilios y la piel se limpian fácilmente de los restos de henna.

Inconvenientes

  • Tiempo total del proceso (lo cual muchas personas pueden ver como algo negativo): entre la preparación, aplicación, espera y aclarados: entre 5 y 6 horas mínimo
  • Es más laborioso
  • La henna en sí no tiene amplia gama de colores, aunque vendan otros tonos con ese nombre: solamente cobrizos y castaños contienen henna
  • Hay que tener cuidado y esperar antes y después de teñirse con tintes convencionales, porque con la henna podrían reaccionar y quedarse el pelo de otro color

El día de la henna

Cuando me voy a teñir, me tomo el tiempo necesario para ello, como quien se va a un balneario o spa y pasa allí una jornada. Yo tengo mi ritual, al que llamo mi día de la henna, que es mucho más económico que irse a las termas. Ese día me lo tomo exclusivamente para mi bienestar y cuidado corporal, conecto conmigo misma y me lo paso tiñéndome, cocinando, relajándome.

Usar henna es un ritual de reencuentro consigo misma. Una se toma el tiempo para crear conciencia de que verse bien implica hacerse responsable de la salud y de la naturaleza. Una se toma el tiempo para amarse, cuidarse y respetarse y reflejar hacia fuera lo que ha interiorizado. La salud no solo es apariencia.

Dependiendo del color con el que queremos teñirnos, hay que dar unos pasos, u otros. No es como con los tintes industriales, que una se los echa al pelo y media hora después se lava la cabeza y ya está lista. Rápido y efectivo nos dañamos con ello el cabello, lo llenamos de poros, el químico penetra cada pelo para adherirse a él y el agua se contamina. En este caótico y frenético mundo queremos vernos bien sin detenernos a ser conscientes de lo que nos estamos haciendo y de lo que causamos al entorno.

Por eso, es vital volver a conectar con nosotros y nosotras mismas y para esto el cuerpo es una parte importante. Es lo que yo llamo la filosofía vital o ecofanía: cómo nos interrelacionamos con la naturaleza, cómo los productos ecológicos que utilizamos, ya sean alimentos o artículos de higiene, se manifiestan en nosotros en forma de amor, sin producirnos daño, integrándose en nosotros de manera natural y dotándonos de vitalidad, o cómo nosotros revelamos nuestro amor por la naturaleza reduciendo el impacto sobre ella. Nada de esto es de un nivel filosófico secundario, ni de menor importancia, al contrario: vital, como bien dice el nombre, vital para el humano mismo y el planeta saber que debemos de estar en armonía, cuidarnos y cuidar.

Lo ópimo es tener un día de la henna cada dos o cuatro semanas, para mantener el pelo sano, fuerte, brillante y vivo de color. Recuerdo que no nos estamos echando más que vitaminas al cabello y no estamos contaminando el medioambiente.

Utensilios necesarios para teñirse con henna

Para la aplicación de la henna en casa vas a necesitar:

Preparación de la henna

Si se quiere teñir el cabello de cobrizo o tonalidades castañas, se puede usar el procedimiento que detallaré a continuación. Para teñir de negro índigo o rubio, no se puede dejar macerar la henna con un ácido, pues no es henna.

  • Coloco el polvo de la henna en un cuenco y añado unos buenos chorros de vinagre de manzana (o de vino, o zumo de limón) y agua. Lo mezclo bien con cuchara de plástico preferiblemente (el metal afecta a la maceración). Dejo reposar tapado hasta el día siguiente, cuando procederé a su aplicación. Mínimo se aconsejan 12 horas de maceración, pues a las 8 horas la henna suelta su máximo potencial de color y el ácido la hace más duradera.
  • Al día siguiente de macerar la henna con el ácido, compruebo la pasta de henna y la licuo con una batidora, a pesar de que sea metálica (hay que intentar evitar el metal, pero si no se puede, tampoco tiene tanto efecto). Al batir queda bien líquida, como cuando se usa un tinte convencional, y así se puede aplicar mejor.

Preparar la henna el día antes

Aplicación en dos pasos para cubrir las canas

Precoloración

  • Lavo bien el cabello con un champú sin siliconas, ni parabenos. Yo utilizo los champús de Corpore Sano para cabello caoba o negro, que no tienen estas sustancias y además son veganos. No uso tampoco mascarillas, ni acondicionadores, ni aceites, pues éstos impiden a la henna adherirse al pelo.
  • Mentras tengo húmedo el cabello, pongo el recipiente con la henna al baño María y dejo que hierba bien el agua. Puedo comprobar la temperatura con un termómetro, debería estar a unos 90 grados. Remuevo bien con una cuchara de plástico, evitando lo más que pueda el metal, pues éste acelera la oxidación de la henna.
Mi henna previamente macerada con vinagre de manzana toda la noche, batida y ahora al baño María
  • Me desenredo el pelo recién lavado, mojado aún, y a continuación me pongo unos guantes de látex. Agarro un broche para teñir para aplicar la henna. Primero voy dando pinceladas sobre las raíces, separando el pelo, también me bordeo todos los entrantes del pelo por delante, los lados y detrás, y después unto el resto del cabello con el broche y con las manos. Lo masajeo con las yemas de los dedos para penetrar bien en las raíces. En total uso la mitad de la henna.
  • Con un gorro de ducha me cubro la cabeza. La henna ha de mantenerse caliente sobre la cabeza, por eso uso el secador de pelo para aumentar la temperatura. Después, por encima del gorro de plástico me pongo con un gorro de lana, una toalla seca, o algo que me cubra bien y ayude a mantener el calor. Dejo la henna actuar así al menos dos horas, pero cuanto más tiempo, mejor para que agarre el color y también mejor para el pelo, pues la henna solo lo beneficia. Yo lo dejé dos horas y el resultado fue perfecto. De vez en cuando, vuelvo a aplicarme calor en la cabeza con el secador.
Éste es mi cabello dos horas tras la precoloración con henna. Las canas ya han quedado bastante cubiertas en ese poco tiempo. Sin embargo, voy a darle otra mano de henna

Coloración

  • Aclaro el pelo solamente con agua, sin usar champú, sin mascarilla, ni acondicionador, ni cremas, ni aceites. Pongo el resto de la henna de nuevo al baño María hasta que hierva el agua y se caliente la mezcla. Estando el cabello mojado, aplico de nuevo la henna caliente de igual manera que la previa vez. Cubro con gorro de plástico, añado más calor con el secador y me pongo una toalla o algo que mantenga la temperatura en la cabeza. Espero mínimo dos horas, pero cuanto más tiempo se deje actuar, mejor será el resultado.
  • Ahora me enjuago otra vez el pelo, nuevamente sin champú y sin nada más. Tampoco uso después un acondicionador sin aclarado.
Así me quedó el pelo tras el método de dos pasos con henna. Me gustan mucho los matices y las canas no se ven muy anaranjadas, sino que parecen mechas cobrizas que se distinguen un poco del resto de mi cabello castaño. Cuando me deje el pelo crecer sin teñir con tintes convencionales y siga utilizando la henna, se me irá viendo la melena más con esos bonitos reflejos cobre
  • En los dos días siguientes, no lavo mi pelo, ni uso ningún tipo de producto, para que el proceso de oxidación de la henna en el cabello vaya produciéndose y se termine de fijar. Queda un aroma muy agradable, al menos a mí me gusta.

Kit básico para la precoloración y la coloración con henna

El método de dos pasos para teñir con henna las canas de manera totalmente natural y efectiva

Según cómo nos guste y cómo queramos mantener la intensidad, podemos repetir la tintura de henna una o dos veces al mes, nuestro día de la henna. Al contrario que con los tintes convencionales, no castigaremos el cabello ni el cuero cabelludo, ¡sino al contrario! En mi caso, he llegado a estar sin teñirme más de dos meses. Me salieron muchas canas, mi pelo crece rápido, pero lo que ya había coloreado permanecía intenso y vivo.

Tomémonos el tiempo para respetarnos y respetar, cuidarnos y cuidar, para volvernos conscientes del impacto que tenemos en el mundo. Apliquemos la filosofía vital, tengamos una ecofanía y manifestemos hacia el exterior lo que la naturaleza nos brinda: cuidado y amor.