Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa
Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa

Escamosa, casposa: la ira desprende mi piel

A pesar de teñirme con henna, a pesar de alimentarme equilibradamente y de forma vegana, a pesar de hacer meditación y tai chi… no pude impedir el estrés, la rabia y la ansiedad, no pude controlar mis hormonas, no pude evitar que me saliera asquerosa caspa.

Desde la pubertad he tenido problemas con mi piel: dermatitis atópica que provoca eczemas, picor, rojeces y sequedad, que a veces me ha cubierto las dos manos y parte de las muñecas, otras veces los párpados, u otras partes de mi cuerpo muy incómodas, y que brota y se multiplica anunciando niveles de estrés en aumento. Mi piel se pone una barrera ante el malestar que me causa el mundo y esa separación me irrita. Mi cuerpo habla el idioma dérmico y ahora sonó la alarma en mi cabeza: la línea de la frente, donde nace el pelo, se curtió por completo y mi cuero cabelludo se descamaba, volviéndome el cabello casposo. La ira me despoja de mi piel, me despelleja.

Así estuve más de un mes, viendo cómo no desaparecía, probando típicos remedios caseros para la caspa, como echar bicarbonato en el champú y aplicarme limón y aceite de almendras. Pero esto no era una caspa normal: mi cabeza estaba reseca y se desprendía en escamas, mientras mi pelo tendía a estar graso. ¿Por qué, si no he cambiado de jabón, ni de champú, si todo lo que uso es vegano y ecológico y encima me echo henna? Entonces recordé todo lo que ha ocurrido en los últimos meses y cómo he dejado que me afecte y llegué a la conclusión de que tenía que ver y de que esta vez mi piel me gritaba desde la cabeza.

A través de sentir ira, de estar días enteros envuelta en esa emoción y dejarla manifestarse una vez y otra vez, de mirarla con un poco de distancia después y analizarla, de intentar captar de dónde vienen las causas de las consecuencias y cuál es el huevo y la gallina, gracias también a todo lo que he ido aprendiendo en estos últimos años, a estudiar a fondo mi propia vida, los giros que ha dado ésta y los que yo conscientemente le he dado, gracias a mi ayuda interna y externa, a mis meditaciones, a trascendentales conversaciones, al atrevimiento de decidir y sus consecuentes efectos, a la etioterapia que ha sacado a la luz partes muy ocultas y profundas de mi historia… y de nuevo a través de esa ira en estado puro y de observarla luego desde la frialdad de la siguiente jornada: me he conocido un poquito más en persona. Solo un poco, pero lo justo para darme cuenta de hasta qué punto mi cuerpo tiene su propio lenguaje, vida y autonomía y de que requiere mi atención más que en el plano material.

Todo está en conjunto: la parte física, la emocional y la espiritual. Puedo intentar tratar la física con champús anticaspa del mercado, con remedios caseros, puedo usar la mejor henna y ser la más vegana, pero mi cuerpo sigue intentando decirme que no alimente las emociones negativas y que nutra la parte más profunda de mi ser y me muestra, en su simbólico idioma, dónde me veo afectada. Con solo ser consciente de esto, verse a una misma y concebirse en conjunto y en concreto, se siembra la semilla del cambio y los acontecimentos comienzan a desplegarse hacia otro rumbo.

Me compré un champú anticaspa vegano, ecológico, sin parabenos ni siliconas que tenía buenas reseñas. Esto no es como los productos químicos de H&S que en uno o dos lavados te erradican la caspa; me resisití a utilizar este producto y preferí uno algo más natural; con este champú que adquirí el cabello recupera su equilibrio después de dos semanas de uso diario. Asumí que todo esto lleva su proceso y que debía desacostumbrarme de lo inmediato. Llevo usando el champú una semana y media y sí que con los días mi pelo estaba algo mejor, pero mi cuero cabelludo seguía súper seco. Necesitaba algo más que un champú. Además, volvía a sentirme nublada algunas jornadas con todas mis emociones y aparecían más escamas. Definitivamente, necesitaba mucho más que un champú.

Esos días, no reprimía mis estados de enfado, los vivía intensamente, o, mejor dicho, ellos vivían a través de mí, y, tras dejarme un poco más tranquila, me miraba en el espejo emocional, miraba lo que me causa esa rabia y me reflejaba en ello, buscando entre mis propias sombras lo que de ello me molesta. Entonces vi que las sombras de los demás están en mí, que no me gusta su destello en mí y que ello me estalla, me explota en la oscuridad, por no querer ver dentro de mi propia tiniebla. Las tinieblas de los otros son como las mías, pero si yo me doy cuenta de esto, de las mías y de las suyas, y ellos no se dan cuenta ni de las suyas, menos aún iban a tener en cuenta las mías. Por lo tanto, no tienen la culpa, al igual que yo no tuve la culpa de ignorar lo que no sabía y que tanto esfuerzo y tantos golpes me costó vislumbrar.

Paralelamente a esto, surgió la causalidad de llegar a mí un vídeo de un tratamiento capilar con semillas de lino. El lino es un alimento básico en mi dieta desde hace cinco años. Como vegana lo incorporo a diario, dos cucharaditas de semillas de lino triturado en mi desayuno, con el café, y me aporta el omega 3, 6 y 9 necesario, a parte de fibra, proteína y demás. Siempre tengo en casa las semillas enteras que yo trituro. En este vídeo hacían una mascarilla de huevo de lino para el pelo y la piel: media taza de semillas de lino enteras, por cuatro tazas de agua, dejándolo hervir unos diez minutos y en reposo por al menos una hora. Después, se ordeña el huevo de lino (se cuela el gel de lino con una tela, separando las semillas de éste) y se guarda en el frigorífico. Da mucha cantidad de gel, para una semana, más o menos, dependiendo de la largura del cabello. La aplicación es bien sencilla: se echa por todo el pelo este gel de lino, desde la raíz hasta las puntas (yo también me lo pongo por la frente, que estaba reseca, y por el resto de la cara), se cubre la cabeza con un gorro de ducha, se deja actuar por al menos una hora y se enjuaga solo con agua (preferiblemente). Yo llevo solo cuatro días aplicándomelo y el resultado es impresionante.

Paralelamente he usado el champú anticaspa y creo que las dos cosas en combinación me han funcionado muy bien, más el trabajito con mis propias emociones, más el baño de sol que me di el otro día y que devolvió a mi frente el equilibrio, más el estar afuera sin la mascarilla o cubrebocas, respirando profundamente aire puro en la costa. Tras cuatro días de aplicar el huevo de lino, mi cuero cabelludo ya está equilibrado: he perdido la caspa y he ganado un pelo precioso, brillante, fuerte y ondulado.

Todas las manifestaciones del cuerpo están en relación e interconexión con las emociones y también puede ocurrir a la inversa, que un problema físico cause malestar en el ánimo. Pero siempre, sea lo que sea, hay que buscar más allá de lo aparente, estudiarse a una misma, absolver un grado, posgrado y un doctorado en una misma, en la universidad de la vida (aunque suene tonto y coelhiano), así como a veces lo hacemos en la universidad de afuera nuestro.