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	<title>cuento surrealista | Arim Atzin Autora</title>
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	<description>Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poeta</description>
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	<title>cuento surrealista | Arim Atzin Autora</title>
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		<title>Puedo vencer esta llanura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arim Atzin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Aug 2020 14:41:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>4 de diciembre de 2017: decidí separarme e irme de Alemania; decidí romper una relación de 10 años, extinta desde hacía más de un lustro, y abandonar el país en el que había girado más de 7 veces alrededor del sol. La vida me estaba venciendo, podía seguir muriendo lentamente por el resto de mi [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>4 de diciembre de 2017: <strong>decidí separarme e irme de Alemania</strong>; decidí romper una relación de 10 años, extinta desde hacía más de un lustro, y abandonar el país en el que había girado más de 7 veces alrededor del sol. La vida me estaba venciendo, podía seguir muriendo lentamente por el resto de mi existencia en esta tierra plana, mientras solamente mis letras sobrevivían por mí. <a href="https://arimatzin.com/2-anos/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="2 años"><strong>A través de ellas llegué hasta el amor</strong></a>, el amor propio que es dual y único. Él me mostró lo que mi interior reflejaba y que nada era llano en mí, pero debía emprender una marcha, coronar mis dificultades, y descender para soltar mis alas. Y así hice. El 14 de diciembre de 2017 escribí el cuento que sigue a continuación. En mayo de 2018 me mudé a España y fui por primera vez a México.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<h2 class="wp-block-heading">Puedo vencer esta llanura</h2>



<p>La primera idea de Minna fue llamar a la policía, pero en un cuarto de segundo clausuró su pensamiento: —¿Y si la matan? ¡No! No creo que hicieran el esfuerzo de traer munición de perdigones para dormirla—. En el cuarto atardeciente, las paredes trapezoidales exprimían su aliento y los párpados querían cerrar el telón de la ventana. A través de ella, dentro de la baja barandilla pedregosa con extremos metálicos, el jardín delantero de la casa y una leona parda pisándolo expectante.</p>



<p>La felina aparentaba calma ante el cemento de la vecindad ausente. No sabía saltar la valla y perseguir su libertad. Minna no sabía qué debía hacer: —¿Y si la asesinan? ¿Y si asesina ella?—. Dejó a los ojos vencer y continuó prisionera en los pasillos de su ensoñación.</p>



<p>La madrugada siguiente, <em>Minna desfiguró el sopor de su rostro</em>. Tras levantarse de la cama, cruzó el umbral de la puerta de la casa. Tornó el cuello a la izquierda y sus pupilas dibujaron una amplia sonrisa al unísono con su boca, minúsculo destello negro en el centro de iris y labios: una árida serranía ocre desdibujaba el horizonte. El jardín delantero no estaba, ni el cemento llano, ni el barrio de las viviendas mortecinas.</p>



<p>A cuatro patas correteó capturada por el terroso paisaje, se abalanzó sobre él sumiendo las pestañas al terreno. Levantó la mirada un instante con la cara cubierta de polvo y los confines de aquellos montes continuaban: comprendió que no existía salida salvo más allá de los límites de su visión. Como buena leona, alzó la cresta vertical de sus pupilas hacia la cresta de aquellas doradas montañas y galopó a la lejanía.</p>



<p>Había un torbellino de cenizas tras ella cuando la pendiente de la falda le aminoró el ímpetu. —Yo puedo saltar una decena de metros, también puedo vencer esta cuesta— pensó justo antes de zambullirse a eclipsar aquel montículo bajo sus garras. Cada vez que sus patas chocaban contra la tierra, se sentía a punto de coronarse como reina de la gravedad; casi no le dio tiempo a descubrir el final de la subida y a asomarse al vértigo de otra lejana división terrenal y celestial. Detenida desde la cima, aún no podía encontrar su hogar en lo remoto del espacio.</p>



<p>La cumbre comenzó a desafilarse hacia el suelo y a ella le sobresaltaba el tejado artificial entre la patria de oleajes arcillosos. La leona desencadenaba los pasos de un desfile sosegado sobre planicies, convencida de regresar a aquel destino vestido de pizarra, ladrillo granate y cemento. La sumisión deseaba domarla desde una ventana cada vez más ancha y abierta de cielo a suelo; Minna la saludaba desde la helada ventana que cubría ya las tres cuartas partes de su panorámica.</p>



<p>Los ojos le pesaban más que la gravedad de las alturas. A Minna se le cargaba la mirada de terror tras la danza de patas y brazos. Pero los cristales no parecieron un obstáculo a partir de ese momento. El instinto asesino, remoto y salvaje, se dejó capturar junto a ella dentro de la baja barandilla pedregosa con extremos metálicos.</p>



<p>La madrugada siguiente, <em>Minna desfiguró el sopor de su rostro</em>, y, tras levantarse de la cama, sonrió con pupilas y boca. En el cuarto amanecido, las paredes trapezoidales parecían tener un común punto de fuga más allá de la ventana, minúsculo destello negro en el centro de iris y labios: un diminuto emigrante rasgaba el azul de la mañana, aquel celeste color de lienzo que le recordaba a los viajes en avión.</p>



<p>Era la hora de despertar, de despegar: a Minna, la cría, le salieron dos alas, un pasaje de ida y un destino nuevo. —Yo puedo volar un millar de kilómetros, también puedo vencer esta llanura— pensó justo antes de zambullirse a eclipsar el vecindario grisáceo.</p>La entrada <a href="https://arimatzin.com/blog/2020/08/25/puedo-vencer-esta-llanura/">Puedo vencer esta llanura</a> apareció primero en <a href="https://arimatzin.com">Arim Atzin Autora</a>.]]></content:encoded>
					
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		<title>Desnudo frente al espejo (Arim Atzin)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arim Atzin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 May 2020 18:17:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando miré de niño el espejo quebrar bajo mis pies y esparcirse en diminutas porciones, me percaté de que en cada fragmento se hallaban mis ojos. Hugo Ortega Vázquez, Poemas para nadie y otros sueños Se miraba desnudo frente al espejo, sin ese disfraz níveo que enmascara el pudor de la sonrisa. Así solamente, desnudo, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Cuando miré de niño el espejo quebrar bajo mis pies y esparcirse en diminutas porciones, me percaté de que en cada fragmento se hallaban mis ojos.</p><cite><a href="https://www.amazon.com/Hugo-Ortega-V%C3%A1zquez/e/B076T8QY5P/" target="_blank" aria-label="Hugo Ortega Vázquez (opens in a new tab)" rel="noreferrer noopener" class="aioseop-link">Hugo Ortega Vázquez</a>, <em>Poemas para nadie y otros sueños</em></cite></blockquote>



<p>Se miraba desnudo frente al espejo, sin ese disfraz níveo que enmascara el pudor de la sonrisa. Así solamente, desnudo, descubriendo con su mirada de cinco soles el infinito secreto que le ocultó por siempre la existencia.</p>



<p>Solía sonreír con el cauce de sus párpados, retocando el fangoso delta de sus labios con el pulgar, hundiendo las pirañas de su boca en las salinas del océano cerámico, como si esperara que se arrasaran en el fondo de arena, tragadas por el lado oscuro de la tierra. Me confesó lo profundo de su pena, con pestañas a medio punto; pero al apuntar con mi lengua y cavar una tumba en las entrañas de sus palabras de nebulosas extremidades, sus labios se sembraban nuevamente entre las faldas de las mejillas.</p>



<p>Búho se escondía entonces en la otra ribera de mis insomnios, demasiado deslumbrante como para ahogarse igual que el resto de insomnios en la luz de los recuerdos irrealizables, postrándose escultórico dentro de su cuarto al contemplarse. El ruido se concertaba, el polvo solar llamando a las ventanas, mientras sus lágrimas se condensaban en una tormenta sobre la ciudad. El gesto astral se precipitaba cual techo marmóreo sumiendo los muros en oleajes y, ese prendimiento de Búho, la inmensa risita que enaltecía en las calderas de su rostro la lava llorosa, provocando también un afilado vértigo en mi ombligo, hasta hacerme levitar sobre mi cuerpo y fundirme a mitad de camino en las órbitas de su erupción por siempre.</p>



<p>Se notaba feliz cuando me decía que lo único que necesitaba para existir era mi cabello y el sauce de mis embarradas esferas. Nos encontrábamos todas mis noches y todos sus días, siempre frente al espejo, de donde emocionado contaba que tras la puerta de mi sala existía un dormitorio solamente, simple, para dormir y desvelarse, pero ante la misma cama de ese cuarto, reflejada, y dentro, en el espejo, había un paraíso: valles de jade descansando bajo conejos, cumbres granates tejidas en los picos de zanates al eclipsar el cortejo de las largas cinturas sombrías.</p>



<p>―¡El jaguar es manso! Imagínate tú y yo cabalgando sobre el jaspeado lomo ―me decía mientras frotaba las pupilas de sus lentes―. ¡Y también podemos pescar constelaciones cuando la oscuridad despierte sus luces tornadizas! ¿Sabes? Esta sierra la habitan los amantes lejanos y el tiempo se detiene para que se transformen en eternos. Podemos ir a la laguna donde mi cisne extiende y hunde su cuello: tiene millones de peces de colores a los que podríamos perseguir y sumergirnos con ellos hasta algún agujero negro o tormenta de reloj de arena o neblina de cangrejo o hasta encontrar la flecha marina de Orión para que nos proyecte lejos del reflejo de este mundo.</p>



<p>Su garganta parecía surgir del abismo de otra dimensión y la melodía que emitía de su desembocadura apaciguaba siempre la marea de mis inseguridades. A veces odio mi planeta, sé que lleva plagas que tragan otras plagas y sus corazones mecánicos devoran oxidando los paisajes; sin embargo, amé las madrugadas dentro de mi estancia, cuando llegaban los bellos sueños y él palpitando desnudo frente al espejo. Ahora espero el día en que abrir de nuevo la puerta, que es igual a la suya, pero que vive dentro del fúlgido sauce de mi cabeza.</p>



<p>Búho me espera cada día, aunque llevo noches sin conseguir siquiera acariciar la empuñadura. Una de tantas mañanas le dije que temía volver a dar una vuelta de 180 grados a la cerradura. Me daba miedo salir y mirarme al espejo y al final acribillar frente a su mirada de cinco soles el infinito secreto de la desnudez.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p><a aria-label="María Ferreiro (opens in a new tab)" referrerpolicy="origin" class="aioseop-link" href="https://arimatzin.com/tienda/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">María Ferreiro</a> (<a href="https://noctislabyrinthus.com/arim-atzin-maria-ferreiro/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="Arim Atzin en Noctis Labyrinthus">Arim Atzin</a>), <em>Desnudo frente al espejo</em>. Inspirado en el microcuento <em><a referrerpolicy="origin" aria-label="Desnuda frente al espejo (opens in a new tab)" class="aioseop-link" href="https://arimatzin.com/desnuda-frente-al-espejo-hugo-ortega-vazquez/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Desnuda frente al espejo</strong></a></em> de <a href="https://www.facebook.com/laspalabrasdeakbal" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="Las Palabras de Akbal, página de Facebook de Hugo Ortega Vázquez">Hugo Ortega Vázquez</a> (<a referrerpolicy="origin" rel="noreferrer noopener" href="https://arimatzin.com/14-de-diciembre-de-2019/" target="_blank">Búho Akbal</a>).</p>La entrada <a href="https://arimatzin.com/blog/2020/05/26/desnudo-frente-al-espejo-arim-atzin/">Desnudo frente al espejo (Arim Atzin)</a> apareció primero en <a href="https://arimatzin.com">Arim Atzin Autora</a>.]]></content:encoded>
					
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		<title>Desnuda frente al espejo (Hugo Ortega Vázquez)</title>
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		<pubDate>Tue, 26 May 2020 18:07:25 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Lo que es no perece, lo que parece ser no existe. Pero a veces los fantasmas nos desvían y otras nos estampan contra verdades. María Ferreiro (Arim Atzin), Dialéctica de ojos Se miraba desnuda frente al espejo, sin ese preámbulo púrpura que causa el pudor a las mejillas. Así solamente, desnuda, descubriendo con su mirada [&#8230;]</p>
La entrada <a href="https://arimatzin.com/blog/2020/05/26/desnuda-frente-al-espejo-hugo-ortega-vazquez/">Desnuda frente al espejo (Hugo Ortega Vázquez)</a> apareció primero en <a href="https://arimatzin.com">Arim Atzin Autora</a>.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Lo que es no perece, lo que parece ser no existe. Pero a veces los fantasmas nos desvían y otras nos estampan contra verdades.</p><cite><a href="https://noctislabyrinthus.com/arim-atzin-maria-ferreiro/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="Arim Atzin en Noctis Labyrinthus">María Ferreiro (Arim Atzin)</a>, <em><a href="https://noctislabyrinthus.com/tienda/dialectica-de-ojos-maria-ferreiro-arim-atzin/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="Dialéctica de ojos, poemario de María Ferreiro (Arim Atzin) en Noctis Labyrinthus">Dialéctica de ojos</a></em></cite></blockquote>



<p>Se miraba desnuda frente al espejo, sin ese preámbulo púrpura que causa el pudor a las mejillas. Así solamente, desnuda, descubriendo con su mirada el infinito secreto que le guardó por siempre la existencia.</p>



<p>Solía permanecer largo tiempo inerme, esculpiéndose los pechos con la caricia de los dedos, deteniéndose en sus lindas estrías parecidas a pequeños túmulos de arena dulce, como si fueran las dunas de una playa desierta, cubiertas con plancton fosforescente. Recuerdo que no le gustaba esa parte de su cuerpo, el rostro se le entristecía; pero al acercarme a ella y rozar mi lengua en esos reducidos bordes alargados, sus pequeños pezones se despertaban gloriosos de felicidad.</p>



<p>Arim se escondía entonces atrás de mis sueños, demasiado hermosa para guardarla como todos los sueños en la bruma paralela de ese cristal árido de irrealidad, deteniéndose toda agitación en la alcoba al contemplarse. El silencio se desconcertaba, el viento curioseando tras las ventanas, mientras escurrían lágrimas del firmamento grisáceo. El dolor del cielo se esfumaba como humo de cigarrillo entre los resquicios de la puerta y, ese gesto de Arim, la pequeña risita que hacía elevar parte de su mejilla derecha sonrojada y provocando también un estrepitoso ardor en mi vientre, hasta olvidarme de mí y perderme en los senderos de su talle por siempre.</p>



<p>Se notaba feliz cuando me decía que lo único que necesitaba para existir eran mis ojos y las pupilas de la luna. Nos encontrábamos todos mis días y todas sus noches, siempre frente al espejo, de donde emocionada contaba que tras la puerta de mi alcoba existe un baño solamente, simple, para defecar y ducharse, pero tras la misma puerta de ese baño reflejada y dentro, en el espejo, había un paraíso: estanques violetas repletos de cisnes, jardines de pastos tan largos que, al tratar de mirar las puntas, no percibes siquiera el sol.</p>



<p>―¡El mar es apacible! Imagínate tú y yo cobijados por las olas turquesa ―me decía mientras peinaba su cabello de sauce―. ¡Y también podemos pescar estrellas cuando caen fugaces para convertirse en peces de colores! ¿Sabes? Este mundo lo habitan los amantes lejanos y el tiempo se detiene para que se transformen en eternos. Podemos ir a las montañas donde está la casa de mi abuelo: tiene un suelo roto, por donde podríamos mirar el universo y ambos nos cuidaríamos para no caer o para caer juntos y hundirnos en cualquier agujero negro que nos transporte a la nebulosa Reloj de arena, o al Cangrejo, o a la flecha de Orión para que nos dispare lejos de este cosmos.</p>



<p>Su voz parecía venir de otros parajes y las notas que emitía de sus labios apaciguaban siempre la calamidad de mis pesadumbres. Odio a veces el mundo, sé que afuera hay carroña que se comen los buitres y las ciudades están siendo devoradas, babean moribundas; sin embargo, amé las noches dentro de mi estancia, cuando llegaban los bellos insomnios y ella palpitando desnuda frente al espejo. Ahora espero el día en que se abra de nuevo la puerta, que es igual a la mía, pero que vive dentro de la luna de cristal.</p>



<p>Espero a Arim cada noche, aunque llevo días sin conseguir mirar siquiera el girar de la perilla. Una de tantas madrugadas me dijo que temía volver a dar una vuelta de 180 grados a la cerradura. Le daba miedo salir y mirarse al espejo y al final hacerlo pedazos frente a mí.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p><a href="https://www.facebook.com/laspalabrasdeakbal" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="Las Palabras de Akbal, página de Facebook de Hugo Ortega Vázquez">Hugo Ortega Vázquez</a> (<a href="https://noctislabyrinthus.com/hugo-ortega-vazquez-akbal/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="Hugo Ortega Vázquez (Akbal) en la editorial Noctis Labyrinthus">Búho Akbal</a>), <em>Desnuda frente al espejo</em>. Inspiración para el microcuento <em><a aria-label="Desnudo frente al espejo (opens in a new tab)" referrerpolicy="origin" class="aioseop-link" href="https://arimatzin.com/desnudo-frente-al-espejo-hugo-ortega-vazquez/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Desnudo frente al espejo</strong></a></em>, de <a referrerpolicy="origin" rel="noreferrer noopener" href="https://arimatzin.com/tienda/" target="_blank">María Ferreiro</a> (<a href="https://noctislabyrinthus.com/arim-atzin-maria-ferreiro/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" title="Arim Atzin (María Ferreiro) en la editorial Noctis Labyrinthus">Arim Atzin</a>).</p>La entrada <a href="https://arimatzin.com/blog/2020/05/26/desnuda-frente-al-espejo-hugo-ortega-vazquez/">Desnuda frente al espejo (Hugo Ortega Vázquez)</a> apareció primero en <a href="https://arimatzin.com">Arim Atzin Autora</a>.]]></content:encoded>
					
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